Somalia enfrenta una crisis humanitaria agravada por la sequía, el hambre y la reducción de la ayuda internacional

Catalogado como uno de los países más pobre de África, Somalia atraviesa una de las peores crisis humanitarias de los últimos años, marcada por una prolongada sequía, el aumento de la desnutrición y la drástica reducción de la ayuda internacional. La combinación de estos factores ha colocado a millones de personas en una situación extrema de supervivencia.

Según las autoridades somalíes, alrededor de 1,7 millones de niños menores de cinco años padecen desnutrición aguda, mientras que unos 466.000 se encuentran en estado crítico. La situación afecta especialmente a las comunidades rurales y a los pastores nómadas, cuya subsistencia depende casi exclusivamente de la ganadería.

Durante los últimos tres años, las lluvias han sido insuficientes en gran parte del Cuerno de África, provocando el agotamiento de las reservas de agua y la desaparición de los pastos. Como consecuencia, miles de cabezas de ganado han muerto, dejando a numerosas familias sin ingresos ni alimentos.

Mahad Farah Muse, integrante de una comunidad desplazada, describe con preocupación el drama que vive la población: “Incluso las pocas lluvias ocasionales han desaparecido. Sin agua, los animales mueren y las familias pierden todo medio de supervivencia”.

La pérdida del ganado ha acelerado el desplazamiento interno. Miles de familias abandonan las zonas rurales para instalarse en campamentos improvisados cerca de ciudades como Kismayo, donde las organizaciones humanitarias también enfrentan graves limitaciones financieras.

Hasta el momento, solo se ha cubierto el 13 % del presupuesto anual requerido para atender la emergencia. La Organización de las Naciones Unidas redujo significativamente su financiación para Somalia, pasando de 2.600 millones de dólares en 2023 a apenas 852 millones previstos para 2026.

El Programa Mundial de Alimentos (PMA) advirtió que la falta de recursos está dificultando la respuesta humanitaria. Matthew Hollingworth, subdirector ejecutivo del organismo, señaló que Somalia atraviesa “una auténtica crisis de desnutrición” y que los fondos disponibles son insuficientes.

A esta situación se suma el aumento de los precios del combustible y de los alimentos, impulsado por las tensiones internacionales en Oriente Medio. La inflación ha encarecido tanto la vida cotidiana como las operaciones humanitarias.

Las organizaciones internacionales insisten en la necesidad de una movilización urgente para evitar que la crisis derive en una catástrofe humanitaria aún mayor.

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